Ad gloriam aeternam/ Hacia la gloria eterna ha muerto José Vega Delgado, eminente y conspicuo filósofo, y su deceso enluta a Cuenca, la «Atenas del Ecuador», a la que amó con alma, vida y corazón. Desde el egregio pináculo de la ciencia fue un digno hijo de la ciudad amada en tanto tratábase de un esclarecido intelectual cuya fisonomía marcábase con la rúbrica de su preclara inteligencia y virtud.

Su vivaz mirada era penetrante y lumínica dando cuenta de las profundidades del espíritu a las que era capaz de llegar como filósofo, en una época de frugalidades y superficialidades, con muchos intelectuales de la capital de la morlaquía que no son más que gentes con cultura de solapa de libro. Su sinceridad era el signo característico de la confianza que inspiraba a sus amigos mientras el estudio fue su pasión, su vida y su ilusión. El cultivo de las ciencias llenó su existencia e hizo de él un gran docente universitario, un pensador profundo y un hábil escritor de pluma erudita y sapiente.

Católico, apostólico y romano, Pepe Vega era un hombre de  convicciones cristianas a quien la práctica de las virtudes prodigábale la seriedad por la que apreciábamoslo in Sancta Romana Ecclesia. En sus libros hemos saboreado los encantos de su elocuente palabra erigida como paradigma de sus más profundos pensamientos, mientras sus luminosos escritos han sido la copiosa fuente para aprender y degustar originales investigaciones filosóficas que lleváronlo a navegar por insondables caminos, in via veritatis, en casi 75 años de vida. 

Su existencia fue «exemplum vitae» o «ejemplo de vida» enseñándonos que era más un ser de obras y no de palabras in honorem dignitatis. Como católico y ex alumno de los jesuitas -en el querido colegio Rafael Borja- defendió a nuestra santa religión, sin tregua ni descanso, con el rigor científico que un hombre de convicciones cristianas puédenos ofrecer ab intra ecclesiae.

Enemigo de la superficialidad, estudió de manera basta obras complejas de las que dimanan refulgentes luces para entender las disciplinas que proponíase aprender. Esta fue la clave para que su labor de docencia universitaria, llevada a cabo hasta la edad provecta, fuese un período de abundante siembra de saber e ilustración habiéndose ganado el aprecio de todos sus discípulos a lo largo de los tiempos in vita civitatis. Cultivó la lengua castellana como un escritor que derecho tiene de figurar, ante omnia, entre los más acreditados hombres de pluma in patria nostra.

En su faceta de amigo era un ser que conocía el supremo valor de la lealtad, siendo un hombre en el cual podíase confiar con la fe del carbonero. La intriga, la doblez, la falsía eran incompatibles con su carácter grave y austero. Siempre solidario y fraterno, jamás escatimó escrúpulo alguno cuando una injusticia trataba de imponerse en el camino, con tal de defender al amigo. Por ello es que su partida es dolorosa, pues como dice la inmortal copla de una conocidísima canción: «algo se muere en el alma/ cuando un amigo se va/ y va dejando una huella/ que no se puede borrar». Amicus linguae latinae fue uno de los últimos latinistas que quedaban vivos en la «ciudad cargada de alma»

Amante de las cosas veraces, representó una especie de «cooperator veritatis» o «cooperador de la verdad», sin que háyale importado nunca hablar con acritud –en nuestra incomparable lengua de Castilla– cuando era menester defender a la verdad o combatir el error. Su altiva pluma mantúvola siempre en ristre sin claudicar ante atrevidos e insolentes personajes que actuando como verdaderas mindalas de mercado pretendieron abajarlo por no aceptar que háyalos confrontado con apodícticas verdades. Fue famosa, ad exemplum, la polémica surgida con Marco Robles López, a quien doblegó con las armas del saber hasta aniquilarlo, ad futuram rei memoriam, con su inteligencia superior y perspicuidad.

De mayor talento, integridad y preparación que su hermano Gustavo, nunca tuvo las fatuas poses de quien engórdase con la aclamación ciudadana ora por el egotismo, ora por la vanidad, ora por la soberbia que obnubila a las conciencias, alejando a las personas del sendero del saber y la virtud. In honorem veritatis, dígase que fue un ser incomprendido por predilecciones familiares hacia su hermano, pues la equidad familiar no es práctica común en nuestro medio inter familias como también la envidia ante su prodigioso talento era fuente de ignominiosos espectáculos con gente miserable que no toleraba la inteligencia de un ser que pudo muy bien decir de sí mismo: Ad maiora natus sunt/ He nacido para cosas más elevadas. Pero más allá de este contexto, José Vega Delgado era un lumífero sol en la intelectualidad cuencana y su ausencia no será fácil de llenar en una época donde la ignorancia es atrevida con el oscurantismo cuencano in tertio millenio adveniente et super flumina Tomebamba.

Pepe era de aquellos seres que hacen de la humildad una vía para llegar a la veterum sapientia vieja sabiduría. Fue, a la vez, un gran conversador y las largas tertulias que podíanse compartir inter nosal fragor de una incondicional amistad, eran variadas e instructivas «in amicitia semper fidelis» o «en amistad siempre fiel», en un contexto en el que su bonhomía, su distendido temperamento y su fino sentido del humor constituían la plataforma para echarse al ruedo de amenos y gratificantes coloquios.

Así pues, una estrella ha colapsado en el mundo cultural ecuatoriano, mas su inmenso legado a través de los libros y las prolíficas investigaciones que produjo durante su existencia serán las proficuas reminiscencias con las que brillará in perpetuum en el horizonte cultural de la patria. Vaya nuestro adiós para José Vega Delgado, in honorem veritatis, prominente personaje del mundo cultural cuencano, de quien muchos han recibido el influjo de su acendrada vida y de sus luces, pues, a nativitate, estuvo tan solo predestinado para representar un brillante papel en los fastos de la historia comarcana, apud flumina Tomebamba in patria aequatorianae. Requiescat in pace ad vitam aeternam in nomine Christi, dilectissime frater José Vega Delgado in grata memoria semper viva. Omnia ad maiorem Dei gloriam.

Diego Demetrio Orellana

Datum Conchae, mensis Ianuarii, die nonus, reparate salute Anno Dominicae Incarnationis bismillesimus vicesimus ac secundus, octava solemnitate Epiphaniae Domini.

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