Aunque el uso de uniforme no es obligatorio, Joaquín tiene listo su calentador azul, al igual que su mochila.

Por tercera vez, el chico de 17 años intenta retomar las clases presenciales en el contexto de la pandemia. Esperan -dice su madre, Isabel Rueda- que esta vez la asistencia sea más estable que en las otras ocasiones, cuando el COE nacional suspendió la asistencia por aumento de casos de covid-19.

Por su edad, dice la madre, Joaquín puede cumplir con normas de cuidado. “Se ha mostrado muy responsable y por eso decidimos que vaya”.

En cambio, Verónica Pazmiño prefiere que sus mellizos de tercero de bachillerato y su último hijo, de décimo, terminen el año escolar en casa. “Nos hemos cuidado muchísimo y no queremos bajar la guardia”.

Para el inicio del próximo ciclo, que arranca en septiembre en Sierra y Amazonía, cambiarán a los chicos a la modalidad presencial. Tiene la esperanza de entonces, al menos, ella y su esposo estar vacunados.

El viernes, instituciones como el José Engling, de Quito, aplicaron test diagnósticos a docentes y administrativos.

Su capacidad, explica el gerente, Francisco Guzmán, les permite recibir desde hoy a 280 de sus 800 estudiantes.

Desde noviembre, la institución cuenta con lavabos en cada aula. También tienen sistemas para desinfectar los salones después de cada jornada.

Para llegar al plantel -cuenta Guzmán- hay servicio de transporte, aunque un 80% de alumnos irá en auto particular.

Las instituciones autorizadas a escala nacional son 1 301, 8% del país. La ministra de Educación, María Brown, ha enfatizado en que se trata de un retorno progresivo y voluntario. No es obligatorio.

Especialistas advierten sobre el peligro de contagio por la movilidad de personas. Por ello, muchos padres prefieren que sus hijos sigan en casa, sobre todo cuando viven con adultos mayores.

En la Academia Cotopaxi, en encuestas realizadas meses atrás se vio que aproximadamente la mitad de estudiantes no asistirá. Tiene unos 580 alumnos en total, dice el director Robert van der Eyken.

Para quienes sí van, quitaron paredes y construyeron aulas al doble de su tamaño; instalaron 26 lavabos más y señalética, entre otras adecuaciones.

Particulares son buena parte de las instituciones en zonas urbanas, 199 en el país. La gran mayoría, 1 102, son rurales.

En Guayaquil, por ejemplo, cerca de 500 de los 1 643 estudiantes de la Unidad Educativa La Moderna empiezan desde hoy un retorno escalonado a las aulas. Acudirán en días específicos, por cada nivel, entre dos y tres veces a la semana.

Para eso se aplicará el protocolo burbujas seguras. Incluye la presentación previa de pruebas de covid-19 y recreos en los que los alumnos siempre estarán con su grupo.

Otras instituciones planifican el regreso para los próximos días. La Unidad Educativa Politécnico (Copol) abrirá sus puertas desde el 21 de junio.

El rector Rodolfo Chang informó que desde el viernes habrá reuniones preparatorias con los representantes que dieron su autorización para el retorno. Del 14 al 18 darán charlas informativas a los chicos.

El Colegio Alemán Stiehle, de Cuenca, tiene previsto retornar a clases presenciales el próximo miércoles, con 60% de su población, que es de 790 estudiantes.

Los espacios comunales del plantel están separados con cintas de colores por niveles.

Hay lavabos y espacios de desinfección en los pasillos y aulas. Las busetas de servicio de transporte serán desinfectadas antes de que ingresen los estudiantes y al finalizar.

Las aulas pequeñas recibirán hasta nueve estudiantes y las grandes, 15. Según Gabriela Pulgarín, del área de Comunicación, en unos casos las clases serán simultáneas para los alumnos presenciales y virtuales; y para los más pequeños utilizarán metodologías de acuerdo con sus edades, pero “a todos se les garantizará el aprendizaje”.