Tres agentes con cascos de visión térmica infarroja caminan por los espacios públicos del aeropuerto de Guayaquil. Van mirando a los pasajeros para que el medidor de temperatura corporal que tiene el casco detecte posibles cuadros febriles. No tienen necesidad de acercarse.

El instrumento capta la temperatura a 6,7 metros y si una persona tiene más de 37,9 grasdos centígrados. Los cascos son la última tecnología que se incorporó este mes como parte de las medidas de bioseguridad por el COVID-19.

Otro más se enviará a Baltra para los controles. Volver a la ‘nueva normalidad’ con protocolos de bioseguridad para la reapertura de actividades ha significado que empresas, industrias y negocios incurran en gastos extras.

Los aeropuertos, puertos, hoteles y grandes industrias son los que más han tenido que destinar recursos para adaptar sus operaciones. En estos sectores se habla de gastos que van de $5000 hasta $400 000 como el caso de las terminales aéreas.

Estas han comprado equipos para medir temperatura, de protección, mamparas, desinfectantes y otros.

El Comité de Operaciones de Emergencia ha avalado más de una decena de protocolos para reactivar sectores como turismo, restaurantes, construcción, aviación, transporte.

Dependiendo de la naturaleza de las empresas, unas debieron acoplarse más a la cultura de teletrabajo con el personal administrativo, modificaron horarios y turnos para asegurar la producción y evitar aglomeraciones.

A más de estas acciones, Nestlé, por ejemplo, dotó a sus colaboradores de equipos de protección según el riesgo de exposición, fumigó carros de transporte de alimentos, instaló medidores de temperatura y realizó cambios en la infraestructura para garantizar protocolos de distanciamiento.

Otras compañías y entidades que han ido reincorporando por áreas a sus colaboradores están tomando pruebas rápidas.

En Ecuador, hasta el 8 de junio había 270 tipos de test rápidos aprobados por la Agencia Nacional de Regulación, Control y Vigilancia Sanitaria.

Una prueba rápida puede costar entre $19 y $50 y es un valor que inicialmente lo están asumiendo las empresas.

Sergio Murillo, presidente de la Asociación de Terminales Portuarios Privados, explica que en ese sector los gastos dependen del tamaño del puerto y el número de trabajadores.

Entre los principales están los relacionados con la aplicación de pruebas COVID-19 (rápidas y PCR), equipamiento con trajes de protección, kits de prevención y limpieza, desinfección.

Cumplir el protocolo no ha sido un asunto fácil en negocios del sector Horeca (hoteles, restaurantes y cafeterías) por la inversión en insumos y utensilios para procedimientos de limpieza, desinfección y sanitización. Es una nueva realidad mucho más costosa para las empresas, dice Holbach Muñetón, presidente de la Federación de Cámaras de Turismo.

Estima que hay hoteles que para los protocolos han requerido inicialmente $5000. Eso sin contar que cuando estén operando con normalidad tendrían otros gastos mayores como el consumo de agua, porque habrá huéspedes que usen más ese recurso.

Los gastos en restaurantes para los protocolos varía según el tamaño, pero se indica que en el menor de los casos pueden ir de $300 a $500.

Dentro del ramo se han desarrollado varias iniciativas para apoyar a los negocios. Guillermo Farfán, jefe de mercadeo de Horeca de Servei, unidad de La Fabril, señala que han levantado una plataforma para capacitaciones de bioseguridad e higiene, programas de formación y herramientas tecnológicas.

En el sector de la transportación se estima un gasto mensual de $100 a $300 para que las flotas de buses puedan cumplir con equipos de protección y líquidos desinfectantes.

Bladimir Vásquez, gerente nacional de Servicio de Teojama Comercial, menciona al menos nueve medidas que se deben cumplir en ese sector y en que la desinfección continua en el exterior e interior de las unidades al inicio o fin de cada viaje será clave. (I)

‘Debería existir un estímulo fiscal por este gasto’

Con el gasto que se registra por la activación de protocolos de bioseguridad hay empresas que están evaluando el tratamiento contable que le darán.

Jorge Ayala, gerente de la firma Bizwell Consulting Group, señala que el tratamiento contable va a depender de si los rubros benefician solo al ejercicio corriente o a ejercicios futuros como infraestructura nueva, en cuyo caso debe ser tratado como un activo, sin perjuicio de ello, dependiendo del sector, así como el tipo de gasto puede ser clasificado como parte del costo de ventas o de gastos operacionales.

El especialista cree que se debería contar con algún tipo de estímulo fiscal para aquellas empresas que incurren en este tipo de gastos, pues estarían generando efectos positivos en la sociedad en la medida de ayudar en el combate con la transmisión del coronavirus.

Ayala considera muy difícil en las circunstancias actuales que un determinado sector pueda trasladar este tipo de costos al consumidor. “Lo más probable es que sacrifique la rentabilidad para tratar de mantener las ventas”.

El dato

El Ministerio de Trabajo indica que las medidas de prevención deben ser asumidas por los empleadores. Cuando el empleador decide hacer las pruebas para determinar el COVID-19, el costo de estas deberá ser asumido por parte del empleador y no del
trabajador.