Los países del norte de Europa lideran el Índice de Felicidad 2019 de Naciones Unidas con Finlandia, Dinamarca y Noruega a la cabeza.

El informe clasifica a las naciones según seis indicadores que reflejan el bienestar: ingresos, libertad, confianza, esperanza de vida saludable, apoyo social y generosidad.

Ecuador bajó dos puestos del 2018 al 2019 y ocupa la posición 50 de 156.

Está mejor ubicado que las potencias mundiales Corea del Sur, Japón, Rusia y China. A nivel de América del Sur está en sexto lugar, superado, en su orden, por Chile, Brasil, Uruguay, Colombia y Argentina.

Esto se explica en que hay naciones más desarrolladas en las que sus habitantes viven solos y son más individualistas.

“Son lugares donde se inculca mucho la idea del éxito, lo más importante es cumplir con metas, trabajar duro, lo cual es necesario para ser feliz porque si no tienes dinero tendrás mucho estrés, pero se descuidan de la parte humana como pasar en familia y conectar con las personas, entonces se aíslan más la soledad, ambas son una receta para el desastre”, dice la psicóloga Ana Trueba.

En Ecuador se creó en junio del 2013 por decreto la Iniciativa Presidencial para la Construcción de la Sociedad del Buen Vivir en el régimen del presidente Rafael Correa, más conocido como el Ministerio de la Felicidad.

La entidad recibió $7 millones hasta mayo del 2017 cuando se dispuso su desaparición por el Gobierno actual. El periodista Freddy Ehlers fue designado su secretario del buen vivir y tenía 23 trabajadores al cierre de la institución.

Ehlers recibía un salario de $5000 ya que tenía rango de ministro.

El último registro público en redes sociales evidencia que disertó en el Foro Internacional de Presupuesto Participativo para el Buen Vivir que se realizó en México, en agosto pasado.

Junto con él estuvieron en el evento el exasambleísta Pedro de la Cruz y la expresidenta del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social Juana Miranda.

Ante críticas por la falta de austeridad del régimen en medio de la crisis por la reducción del precio del petróleo, Ehlers afirmó, en abril del 2016 en entrevista con Ecuavisa, que hay que “redefinir el concepto de progreso, desarrollo y de bienestar que no tiene que ser solo material”.

Uno de los objetivos de la iniciativa creada era difundir el concepto de que la felicidad no solo debe medirse desde el desarrollo económico.

En Francia, uno de los países que visitó en mayo del 2015, dijo en una entrevista con la agencia EFE que “cada vez avanza más la idea de que el desarrollo no puede ser solo económico y material, tiene que ser también espiritual”. En esa gira europea además estuvo en España e Italia.

Estudios indican que se llega a un punto en que el salario ya no influye en el bienestar. Uno realizado en EE. UU. concluyó que si un ciudadano de ese país gana desde $75 000 al año, la felicidad ya no está correlacionada con el dinero.

“Cuando se logran cubrir las necesidades básicas y se tiene un poco extra para ir de vacaciones y darte uno que otro lujo, pues ganar más dinero ya no te significa mucho para ser feliz”, dice Trueba. El estudio se puede extrapolar a Ecuador, pero con un umbral más acorde con el costo de la vida nacional.

“Si tienes comida en la mesa y un techo sobre la cabeza, ganar más no va a tener el efecto que crees que tendrá”, indica la psicóloga Laurie Santos.

“En EE. UU. ese es el tope, es la mayor cantidad de dinero que influirá en tu felicidad, es decir, si ganas $75 000 al año y te cuadruplican el salario, no vas a tener un cambio proporcional en tus niveles de estrés o de emociones positivas”, acota.