Los 15 Municipios en rojo, que representan apenas el 6% de los cantones del país, han controlado parcialmente la expansión del coronavirus con controles estrictos, como multas a quienes organizan fiestas o, incluso, pedir a todos los que llegan a su territorio la prueba COVID-19 negativa.

En el cantón Palanda, en la amazónica provincia de Zamora Chinchipe, se registran en lo que va de la emergencia nueve casos de coronavirus. De ellos, solo uno en su cabecera cantonal; el resto en sus parroquias.

Aunque la situación está controlada en ese Municipio de algo más de 10.000 habitantes, el Comité de Operaciones de Emergencia cantonal mantiene desde abril pasado el semáforo en rojo y no se plantean cambiarlo.

Sus autoridades creen que lo mejor es mantener ese color, para evitar un relajamiento de la población.

De hecho, los visitantes no son fácilmente bienvenidos. La política contra el coronavirus en Palanda es extrema: nadie puede ingresar sin una prueba COVID-19 negativa.

La resolución del COE cantonal es determinante y se ratifica desde mayo anterior: “Las personas que deseen ingresar al cantón Palanda deberán contar con el resultado negativo para COVID-19 en la prueba micro-elisa cuantitativa. Referente al personal del área de la minería, ellos deberán presentar: resultado negativo en prueba PCR, hoja de ruta y portar los trajes de bioseguridad“.

La Secretaría de Gestión de Riesgos considera que los controles estrictos son clave para que no haya un rebrote, como ha ocurrido en varias ciudades del país que pasaron a amarillo y algunas, incluso, a verde.

Y también considera que posturas extremas, como en Palanda, se respetan, pues cada Municipio tiene libertad de establecer sus reglas particulares.

El Director Nacional del Servicio de Gestión de Riesgos, Rommel Salazar, dice a PRIMICIAS que “no podemos vivir en rojo todo el tiempo. Hay que reactivarnos. Lo importante es seguir los protocolos.

El semáforo debe cambiar: el semáforo no es garantía de poder enfrentar mejor la situación. La garantía es la reacción y comprensión ciudadana. Enfrentarnos de forma madura y reflexiva a esta llamada nueva realidad”.

La indisciplina peligrosa Preocupa a los alcaldes de estos 15 cantones la indisciplina peligrosa, es decir, que algunos ciudadanos violan los controles, pese a las sanciones impuestas vía ordenanza, y que eso conlleve a un contagio masivo.

Lo más complicado de evitar son las numerosas reuniones familiares o incluso fiestas clandestinas en bares, sobre todo porque en las zonas rurales no hay el número suficiente de policías y militares para ejecutar los patrullajes diarios.

En el cantón Morona, en la amazónica provincia de Morona Santiago, su alcalde, Franklin Galarza, asegura “tratamos de tomar las mejores decisiones para evaluar constantemente el panorama”. Aunque hay situaciones que se escapan de control.